Saturday, November 26, 2011

~♥~Carta de amor de un viejo

Carta de amor de un viejo

Querida Julia:

No sabes lo solo que me has dejado. Sin el apoyo de tu brazo, mi andar es inseguro y vacilante. Cuando voy paseando por el parque arrastrando los pies, a veces oigo que dicen por lo bajo ¡pobre viejo! ¿Por qué? He vivido más años de los que quizás ellos vivan. He sufrido y he amado como quizás ellos no amarán nunca, pero, sobre todo, te he tenido a ti.
¿Sabes que ayer quisieron quitarme nuestra cama?, dicen que en una pequeña estaría mejor, pero me opuse firmemente, me puse como un loco y dijeron ¡chocheces de viejo! Pero ellos no saben que nuestra cama es lo último que quisiera perder, pues es el puente que me une a mis recuerdos. En una palabra, es mi mundo. Cuando a veces me acuesto aún me parece que siento el calor de tu cuerpo y si me doy una vuelta y me roza la sábana, me parece que es tu mano que acaricia mi frente.
Y a veces me despierto en mitad de la noche y me quedo asustado, sé que no estás allí, hasta que me doy cuenta de que tú me has dejado, que me estás esperando hasta que Dios quiera llevarme contigo. Ellos sólo ven una cama grande, una cama vieja, con un pobre viejo que se pierde en ella, pero no comprenden que en ella estás tú. En ella fuiste mía por primera vez, nacieron nuestros hijos y te cerré los ojos y aunque ahora estoy sólo, si cierro yo los míos el recuerdo de las noches de amor que pasamos juntos llena ahora el vacío y la soledad que me rodea.
A veces, cuando no me ve nadie, me levanto de puntillas y sin hacer ruido saco un camisón tuyo que tengo escondido en el fondo de un cajón y lo extiendo en la cama a mi lado y duermo tranquilo y feliz, pues ya no estoy sólo, pero a la mañana siguiente tengo que volver a esconderlo, sin que nadie lo vea, como si fuese un pecado, pues dirían que estoy loco. Y es que con el paso de los años me doy cuenta de lo que tú me decías y yo entonces no entendía. Que no es la pasión que es flor de un día, es la compañía lo que se añora. ¡Si te pudiera rodear con mis brazos y apretarte contra mi corazón, aunque no dijeras nada!
Julia, ahora ya soy un viejo y la gracia es que no me importa reconocerlo. Hasta ahora era un joven de setenta años. Me interesaba por el mundo que me rodeaba y los achaques de le edad no podían conmigo. Tenía un espíritu joven aunque mi cara estuviese surcada de arrugas, pero ahora, desde que tú me dejaste, estoy derrotado, vencido, ya no me interesa nada, porque este ya no es mi mundo, ya casi no nos quedan amigos ni parientes, pues poco a poco, todos se han ido yendo y en esta nueva generación yo ya no tengo sitio.
Quieren tirar la cama y no saben que es el único sitio en que no me da miedo la muerte, pues acostado en ella pienso que he sido afortunado, pues como dice el evangelio he conocido a mis hijos y a los hijos de mis hijos hasta la tercera generación. Mi vida ha sido una vida plena. Creo en Dios, y creo en la otra vida, pues en ella sé que voy a encontrarte.

Tuesday, November 22, 2011

~♥~Ven a mi

Ven a mí...
Ven a mí, acércate,
acércate más, más cerca.
Dame tu mano
y por el camino de mi mano
pásate y éntrate en mi corazón.
Escucha lentamente para que
puedas entender estas palabras
que en mis labios tiemblan.
Verás mis palabras caer en el aire,
como si fueran pequeñas balsas
próximas a naufragar su contenido.
Acógelas.
Sé tú como una blanda orilla de mar
a donde mis palabras recalaran.
Acércate más, más cerca.
Dame tu mano.
En mis historias encontrarás
lo que es limpio, lo que es bello,
lo que transparente brota de mí
como una flor.
Acógelas, sé tú como una blanda orilla,
donde mis palabras recalaran.
Acércate más, más cerca.
Pero hay de mí!, si estando tú
en mi corazón, yo abro los ojos
y te busco en el viento y en la nube,
y otra vez me encuentro solo,
completamente solo bajo el viento.
Andrés Henestrosa.

Monday, November 21, 2011

~♥~El elefante

El elefante encadenado


Cuando yo era pequeño me encantaban los circos, y lo que más me gustaba de ellos eran los animales.

Me llamaba especialmente la atención el elefante que, como más tarde supe era también el animal preferido de otros niños.

Durante la función, la enorme bestía hacía gala de un tamaño, un peso y una fuerza descomunales…

Pero después de la actuación y hasta poco antes de volver al escenario, el elefante siempre permanecía atado a una pequeña estaca clavada en el suelo con una cadena que aprisionaba sus patas.

Sin embargo, la estaca era sólo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en el suelo.

Y aunque la madera era gruesa y poderosa, me parecía obvio que un animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su fuerza, podría liberarse con facilidad de la estaca y huir.

El misterio sigue pareciéndome evidente.

¿Qué lo sujeta entonces?.

¿Por qué no huye?.

Cuando era niño, yo todavía confiaba en la sabiduría de los mayores. Pregunté entonces por el misterio del elefante…

Alguno de ellos me explicó que el elefante no huía porque estaba amaestrado.

Hice entonces la pregunta obvia: “Si está amaestrado, ¿por qué lo encadenan?”.

No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente.

Con el tiempo, me olvidé del misterio del elefante y la estaca…

Hace algunos años, descubrí que, por suerte para mí, alguien había sido lo suficientemente sabio como para encontrar la respuesta:

“El elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy, muy pequeño”.

Cerré los ojos e imaginé al indefenso elefante recién nacido sujeto a la estaca. Estoy seguro de que, en aquel momento el elefantito empujó, tiró y sudó tratando de soltarse.

Y, a pesar de sus esfuerzos, no lo consiguió, porque aquella estaca era demasiado dura para él.

Imaginé que se dormía agotado y al día siguiente lo volvía a intentar, y al otro día y al otro…

Hasta que un día, un día terrible para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino.

Ese elefante enorme y poderoso que vemos en el circo no escapa, porque, pobre, cree que no puede.

Tiene grabado el recuerdo de la impotencia que sintió poco después de nacer.

Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese recuerdo.

Jamás, jamás intentó volver a poner a prueba su fuerza.

Todos somos un poco como el elefante del circo: vamos por el mundo atados a cientos de estacas que nos restan libertad.

Vivimos pensando que “no podemos” hacer montones de cosas, simplemente porque una vez, hace tiempo lo intentamos y no lo conseguimos.

Hicimos entonces lo mismo que el elefante, y grabamos en nuestra memoria este mensaje: No puedo, no puedo y nunca podré.

Hemos crecido llevando este mensaje que nos impusimos a nosotros mismos y por eso nunca más volvimos a intentar liberarnos de la estaca.

Cuando, a veces, sentimos los grilletes y hacemos sonar las cadenas, miramos de reojo la estaca y pensamos: “No puedo y nunca podré”.

Ésto es lo que te pasa, vives condicionado por el recuerdo de una persona que ya no existe en tí, que no pudo.

Tu única manera de saber si puedes es intentarlo de nuevo poniendo en ello todo tu corazón…

¡¡¡Todo tu corazón!!!.

~♥~Hechar raices.

Echar raíces


…Cuando interpretamos nuestra vida simbólicamente, como un viaje espiritual, podemos examinar más objetivamente nuestras acciones, así como nuestras decisiones de no actuar.

Podemos intentar extraer una lección de cada encuentro o experiencia. Por ejemplo, ser objeto de una traición puede ser devastador desde el punto de vista emocional, pero generalmente nos enseña que tenemos que desprendernos de las expectativas, las dependencias emocionales y psicológicas y los intentos de controlar a los demás provocados por nuestros propios miedos. Nos enseña a aceptar a los demás tal y como son, en vez de como desearíamos que fueran o esperábamos que fueran. También nos ayuda a comprender que no podemos controlar completamente nuestras vidas.

En definitiva, para cumplir nuestro propósito necesitamos mantener determinado tipo de relaciones y vivir experiencias desagradables que nos permitirán aprender a mantener y vivir otras mejores. El final de una relación nos obliga necesariamente a iniciar un nuevo camino. Aunque al principio es posible que nos resistamos a seguir esa nueva dirección, cuando finalmente nos rindamos a ella podremos ver nuestras nuevas circunstancias como una bendición. Podemos elegir entre ver las crisis como arbitrarias y negativas o bien como intervenciones que forman parte de un plan de mayor alcance, postes en el camino que nos dirigen hacia la próxima lección sobre nuestro poder personal y nuestro Contrato Sagrado.

Por supuesto, no hace falta esperar a tener una crisis para ver las cosas como símbolos. La vida espiritual no consiste sólo en intentar imaginar por qué nos ocurren cosas malas o por qué les ocurren a otras personas, sino en intentar encontrar un sentido a esas experiencias negativas, puesto que nunca entenderemos completamente el porqué. Podemos enfocar los sucesos y patrones positivos de nuestra vida, al igual que nuestros problemas, con la intención de encontrar una finalidad oculta, un propósito superior. Por ejemplo, podemos plantearnos por qué mantenemos una buena relación con determinadas personas o qué nos llevó a implicarnos en una línea de trabajo o afición especialmente gratificante. Todos debemos encontrar el camino correcto que nos permita disfrutar de la vida y dar un sentido a nuestras actividades diarias y a nuestras interacciones con los demás. Podemos empezar en cualquier momento, por ejemplo, hoy. Hemos sido creados para “estar aquí ahora”, como afirma la famosa frase de Ram Dass.

~♥~Jesus..yo confio en ti...

Jesús, yo confío en Ti


¿Por qué te confundes y te agitas ante los problemas de la vida?

Cuando hayas hecho todo lo que esté en tus manos para tratar de solucionarlos, déjame el resto a Mí.

Si te abandonas en Mí, todo se resolverá con tranquilidad según mis designios.

No te desesperes, no me dirijas una oración agitada como si quisieras exigirme el cumplimiento de tu deseo. Cierra los ojos del alma y dime con calma:

Jesús, yo confío en Ti.

Evita las preocupaciones y angustias, y los pensamientos sobre lo que pueda suceder después.

No estropees mis planes queriéndome imponer tus ideas. Déjame ser Dios y actuar con libertad.

Abandónate confiadamente en Mí. Reposa en Mí y deja en mis manos tu futuro.

Dime frecuentemente:

Jesús, yo confío en Ti.

Y no seas como el paciente que le pide al médico que lo cure pero le sugiere el modo de hacerlo.

Déjate llevar en mis manos.

No tengas miedo…

Yo te amo.

Si crees que las cosas empeoraron, o se complican a pesar de tu oración, sigue confiando, cierra los ojos del alma y confía.

Continúa diciéndome a todas horas:

Jesús, yo confío en Ti.

Necesito las manos libres para obrar.

No me ates con tus preocupaciones inútiles.

Confía solo en Mí, abandónate en Mí. Así que no te preocupes, echa en Mí todas las angustias y duerme tranquilamente.

Dime siempre:

Jesús, yo confío en Ti.

Y verás grandes milagros, te lo prometo por mi amor.

Sunday, November 20, 2011

~♥~Una charla entre el corazón y la razón



Una charla entre el corazón y la razón

¿Y si en realidad el tiempo no lo pudiese todo, si no fuese tan cierto que las cosas con el pasar de los días se van olvidando, o las heridas no se van borrando, cuantas cosas cambiarían?, porque es muy fácil pensar que con solo dejar pasar los días, meses o años las cosas se solucionan, y lo peor es que uno se auto convence, y se cree un superado, alguien que tuvo la suerte de superar un dolor y sobreponerse, y se vuelve a sentir fuerte…
Sin embargo, un buen día, quizá el menos pensado, todo el castillo que creías tan sólido comienza a temblar, porque te encuentras de nuevo cara a cara con el dolor, con ese sentimiento tan helado y tan dormido del que ya casi ni te acordabas, y que, muy a pesar de todo, sigue ahí, y comienza a despertarse con todas las fuerzas acumuladas por el tiempo en que estuvo inactivo y quiere salir, quiere gritar que está vivo y que va a dar pelea, por que la RAZÓN piensa:
“¡Otra vez no! ¿o acaso no te acuerdas el tiempo que te costo volver a ponerte en pie?, ¿o no te acuerdas de esas noche sin dormir, de esos desvelos y angustias, de tus días vacíos, de tus noches sin estrellas?.
¿Quieres realmente volver a vivir todo eso, o ahora que ya estas de pie no seria mejor que anduvieras por otros caminos?Porque, sinceramente, amores no te faltan, tienes la capacidad de enamorar a quien quieras, ¿y te vas a hacer problema por un hombre o una mujer que, en realidad, no sabes si te quiere, no sabes si te engaña?…¡Piensa!, ¡no te equivoques!. Una vez creíste tocar el cielo con las manos y en un instante descendiste al más profundo de los infiernos, ¿crees que vale la pena?.
Haz lo que te digo, no existen los amores eternos, y seguramente, todo eso lo único que te va a hacer es ilusionarte y volverte a lastimar.”

Y se hace un silencio eterno…
El CORAZÓN, aturdido por las palabras de la RAZÓN, se queda sin aliento, pero después de un rato de pensar, donde la RAZÓN ya creía tener ganada la partida, el CORAZÓN replica:
“No sé si tus palabras son del todo ciertas, pero sí sé que no son tampoco del todo equivocadas: no es lo mismo pensar que sentir, no es lo mismo razonar que hacer las cosas impulsivamente, porque los que piensan son aquellos que nunca se arriesgan, y pobre de aquel que no esté dispuesto una vez en su vida a perderlo todo por la persona que ama, pobre de aquel que no está dispuesto a olvidar, porque nunca será perdonado, pobre de aquel que es tan ciego y vacío, que no es capaz de dejar de lado todas las trivialidades de la vida por amor…Pobre de quien teniendo en frente el amor de su vida, no es capaz de quitarse la careta y sentir… Porque el amor no sólo es alegría, no solo es paz y ternura, el amor es también dolor y lagrimas, es angustia y desvelo, es muchas cosas, pero bueno…la verdad es que no sé qué pesa más, si la RAZÓN o el CORAZÓN.
Lo que si sé es que si uno no siente se transforma simplemente en una roca, una cosa que no es capaz de demostrar cariño y confianza, un cuerpo sin alma.
Por eso creo que uno debe jugarse por lo que siente… le puede salir bien o mal, puede equivocarse o vivir el resto de su vida con la persona que ama… lo que sí es cierto es que jamás perdonaría a alguien que por rencor o desconsuelo no sea capaz de tomar a la persona que ama, y gritarle a todo el mundo que por ella daría la vida…
Y, por ultimo, otra cosa que tengo bien clara, es que el que se enamora soy yo, y el amor se siente con el CORAZÓN, no con la CABEZA”.

 
Se hizo el silencio… y, sin mediar palabra, el CORAZÓN, decidió tomar el camino correcto… y fue tras el Amor…

~♥~Arriesgarse

Arriesgarse

Reir es arriesgarse a parecer tonto.
Llorar es arriesgarse a parecer sentimental.
Pretender a alguien es arriesgarse a comprometerse.
Expresar sentimientos es arriesgarse a ser rechazado.
Exponer tus sueños frente a las multitudes es arriesgarse a hacer el ridículo.
Amar es arriesgarse a no ser correspondido.
Adelantarse en presencia de adversidades es arriesgarse a fallar.
Vivir es arriesgarse a morir.
En toda esperanza existe el riesgo del desespero.
En todo intento el riesgo de fracasar.
Pero los riesgos deben ser tomados, porque el más grande de los peligros en la vida es el no arriesgarse a nada.
La persona que no arriesga nada, no hace nada, no tiene nada, nada es.
Tal vez evita el sufrir y el penar, pero a fin de cuentas no puede aprender, sentir, cambiar, crecer o amar.
Es un exclavo encadenado por sus incertidumbres.
Solo la persona que toma riesgos es libre.

~♥~De que se trata la vida...

De qué se trata la vida…


La vida no se mide ganando puntos (como en un juego).

La vida no se mide por el número de amigos que tengo, ni por como me aceptan los otros, ni por mis planes para el fin de semana, ni por si me quedo en casa sola.

No se mide según con quienes salgo, con quien solía salir, ni por el número de personas con quien he salido, ni por si no he salido nunca con nadie.

No se mide por las personas que he besado.

No se mide por el sexo.

No se mide por la fama de mi familia,ni por el dinero o bienes que mi familia posea,ni por la marca del coche que manejo, ni por la escuela que asisto.

No se mide por lo feo o guapo que soy, ni por los zapatos que uso o el tipo de música que prefiero.

No importa si tengo el pelo rubio, castaño, negro o rojo, o si mi tez es blanca o morena.

No se mide por las notas que recibo, ni por lo inteligente que soy, ni por lo inteligente que dicen los exámenes estandarizados que soy.

No se mide por las organizaciones sociales a las que pertenezco, tampoco porque tan bueno soy en “mi” deporte.

La vida simplemente no es nada de eso.

La vida se mide según el amor que doy o según el daño que hago.

Se mide según la felicidad o la tristeza que proporciono a otros.

Se mide por los compromisos que cumplo o las confianzas que traiciono.

Se trata de la AMISTAD, la cual puedo usarla como algo sagrado o como un arma.

Se trata de lo que digo y lo que quiero decir, sea dañino o benéfico.

Se trata de murmurar o de contribuir a los pequeños chismes.

Se trata de los juicios que formulo y de por qué los formulo, y a quién y con qué intención los comento.

Se trata de a quien no le hago caso o ignoro… adrede y a pleno propósito.

Se trata del celo, del miedo, de la ignorancia y de la venganza.

Se trata del odio que puedo llevar adentro, de como lo borro o como lo riego y lo cultivo.

Pero la mayor parte se trata de si uso mi vida para tocar y amar o para envenenar el corazón de otros, de una manera que habría sido imposible que ocurriera de otra forma.

Yo y solo yo escojo la manera en que afectaré para bien o para mal el corazón de mis semejantes…

Y de esas decisiones es de lo que se trata la vida…

~♥~Una flor en el pelo

Una flor en el pelo


Ella siempre usaba una flor en el pelo. Siempre. En general, me parecía que estaba fuera de lugar. ¿Una flor al mediodía?, ¿En la oficina?, ¿Para ir a una reunión de profesionales?.

Era aspirante a diseñadora gráfica en la empresa donde yo trabajaba. Todos los días entraba en la oficina, decorada en un seco estilo ultramoderno, con una flor en el pelo, que le llegaba a los hombros. Casi siempre, su color combinaba con el de su atuendo, por lo demás adecuado. Lucía como una pequeña sombrilla de colores vívidos, prendida al gran telón de fondo que formaban sus ondas morenas. En ocasiones (cuando celebrábamos la Navidad, por ejemplo) esa flor añadía un toque festivo que resultaba adecuado.

Pero en el trabajo parecía fuera de lugar. Las mujeres más profesionales de la oficina estaban prácticamente indignadas; opinaban que alguien debía llevarla aparte e informarle cuáles eran las reglas para que te tomen en serio en el mundo de los negocios. Otras, incluida yo misma, lo veíamos como un simple capricho personal; en la intimidad la llamábamos la florida.

-¿La florida ya terminó el diseño preliminar del proyecto para Wal-Mart? – preguntaba una, con una sonrisita aviesa.
-Por supuesto. Hizo un trabajo estupendo. La verdad es que la muchacha está floreciente- podía ser la respuesta, con mucho aire de superioridad y diversión compartida.

Por entonces, esas bromas nos parecían inocentes. Que yo supiera, nadie había preguntado a la joven por qué llevaba una flor a la oficina día a día. En realidad, probablemente habría sido más fácil interrogarla si algún día se hubiera presentado sin ella.

Y un día, así fue. Cuando entró en mi oficina con su proyecto, me extrañé:
-Veo que hoy no se ha puesto ninguna flor en el pelo. Estoy tan acostumbrada a vérsela que es como si le faltara algo.
-Oh, sí- respondió, en un tono bastante sombrío. Eso contrastaba con su personalidad, habitualmente alegre y animosa. La pesada pausa siguiente me instó a preguntarle:

-¿Se siente bien?
Aunque esperaba que respondiera que sí, sabía intuitivamente que eso encerraba algo más importante.
-Bueno,- musitó, con las facciones abrumadas de recuerdo y dolor, -hoy es el aniversario de la muerte de mi madre. La extraño mucho. Creo que me siento algo triste.

-Comprendo- dije. Me inspiraba compasión, pero no quería meterme en terrenos emotivos. -Supongo que le cuesta hablar del tema.

Mi parte empresarial ansiaba que ella lo confirmara, pero en el fondo sabía que eso entrañaba algo más.
-No, no, está bien. Sé que hoy estoy demasiado sensible. Para mí es un día de duelo, ¿comprende?.
Y comenzó a contarme su caso.
- Mi madre sabía que el cáncer la estaba matando. Cuando murió yo tenía quince años. Éramos muy unidas. Ella estaba llena de generosidad, de amor. Como sabía que iba a morir, me grabó un mensaje para cada cumpleaños, desde mis dieciséis hasta los veinticinco años. Hoy cumplo veinticinco. Esta mañana vi el video que preparó para este día. Creo que todavía lo estoy digiriendo. ¡Y cómo me gustaría tenerla conmigo!

-Bueno, créame que la acompaño en su sentimiento- dije, con total sinceridad.
-Gracias, por ser tan buena,- replicó. -Ah, con respecto a la flor… Cuando yo era chica, mamá solía ponerme flores en el pelo. Un día, estando ella internada, le llevé una bella rosa de su jardín. Cuando se la acerqué a la nariz para que percibiera el perfume, ella la tomó y, sin decir palabra, me apartó la melena de la cara y me la puso en el pelo, como cuando era chiquita. Murió ese mismo día.

Los ojos se le llenaron de lágrimas.
-Desde entonces siempre uso una flor en el pelo. Es como si ella me acompañara, aunque sólo sea en espíritu. Pero hoy vi el video que preparó para este cumpleaños; me decía que lamentaba no poder verme crecer y que esperaba haber sido buena madre. Y que le gustaría recibir alguna señal indicativa de que yo podía bastarme sola. Así pensaba mi madre; así hablaba. -Sonrió con afecto ante el recuerdo. -Era muy sabia.

Asentí con la cabeza. -Así parece, en efecto.
-Y yo pensé: ¿cuál podría ser esa señal?. Entonces me pareció que debía dejar de ponerme la flor. Pero echo de menos lo que representaba.

Sus ojos de avellana se perdieron en recuerdos.
-Fue una gran suerte tener una madre como ella. Pero no necesito usar una flor para recordarla. En realidad, lo sé perfectamente. Era sólo un signo exterior de mis atesorados recuerdos. Me siguen acompañando, aunque no use la flor. Pero la voy a extrañar… Ah, aquí está el proyecto. Espero que le guste.

Me entregó la carpeta pulcramente preparada, firmada y con su marca distintiva: una flor dibujada a mano bajo el nombre.

Recuerdo haber oído decir, cuando era joven: “Nunca juzgues a otra persona sin haber caminado un kilómetro con sus zapatos”. Pensé en las veces que había criticado sin ninguna sensibilidad a esa joven de la flor en el pelo. Era trágico que lo hubiera hecho sin estar informada, sin conocer la historia de la muchacha y la cruz que debía soportar.

Si me enorgullecía de conocer cada faceta de mi empresa, por intrincada que fuera, de saber con exactitud cómo se coordinaban las distintas funciones, ¿no era trágico haber adoptado la idea de que la vida personal no tenía nada que ver con la profesión?. ¿Pensar que cada uno debía dejar sus cosas privadas en la puerta cuando entraba en la oficina?

Ese día supe que la flor en el pelo simbolizaba el don del amor de esa muchacha, su manera de mantenerse en contacto con la madre perdida cuando era tan jovencita. Al estudiar el proyecto que me había entregado, me sentí honrada por tratar con alguien tan profundo, con tal capacidad de sentir… de ser. Se explicaba que su trabajo fuera siempre excelente. Vivía dentro de su corazón. Y me obligó a visitar nuevamente el mío.

~♥~Tienes un email

Tienes un email…

Y las computadoras fulminaron al hombre…
Tecleamos… escribimos…
no hablamos, nos teclean, leemos,
y aunque no escuchamos,
vivimos pendientes de
una lista de nombres…
Escribimos poemas, sin saber quién los lee,
recibimos respuestas sin saber quién las manda…
Copiamos, hurtamos, mentimos, y
nos mentimos a nosotros mismos, y nos engrandecemos….
Un pequeño
pero un gran espíritu
nos domina…
Puede ser mano ruda, puede ser suave
y blanda; mas, ¿qué importa la mano?
¡Importa quien la provee!
Pero sucede a veces,
que brota una emoción…
Una carta nos “canta”
sus noches pasionarias…
Otra carta nos “llora”
sus noches solitarias…
Y otra carta provoca
que nazca una ilusión…
¿Es acaso esta forma,
nueva forma de amar?…
Amar a quien no veo,
¿No es acaso espejismo?
¿No es soñarte despierto, acaso paroxismo?
¿No es acaso demencia, dolerme tu dolor?
Es para mí tan nuevo esto, que es extraño…
¡No sabía que existiera!
¡Nunca lo había sentido!
Pero tú y yo exploramos mundos desconocidos…
Y fue así que aprendimos,
que en amor no hay tamaño.
Pensé que era demencia,
pensé que era locura…
Pensé que era imposible quererte sin ver tu cara.
Pensé que era utopía sentir
que yo te quería y percibir tus besos,
tu aliento y tu ternura.
Y es mi computadora quien me
tiene a ti atada.
Y solo de leerte me mantengo en suspenso,
porque aunque no me hables,
te tengo en mi silencio,
y en silencio te quiero,
como hacía mucho no había querido…